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‘Nilson se lucró de mi cuerpo’: denuncia contra acusado en caso Sara Sofía

 


Jenny Andrea Cardozo Rojas había guardado silencio sobre los detalles de su vida al lado de Nilson Bladimir Díaz Valenzuela porque sentía miedo de develar los días de explotación de los que fue víctima. “Pero ahora me doy cuenta de que mi testimonio puede servir para que se sepa quién es el verdadero victimario”. 

A este hombre lo conoció en el sector reconocido como el cruce de Soacha, Cundinamarca, donde los buses pasan para llegar al sector de San Mateo. “Yo limpiaba vidrios en ese semáforo, vendía pandebonos, vendía toallas. Soy una mujer guerrera y no me da pena trabajar”. Ella tiene hermanas, pero desde que su mamá falleció se ha enfrentado sola a la vida. Cuando conoció a Nilson, Jenny pasaba por su tercer mes de embarazo, tenía dos hijos, producto de una relación anterior, y padecía uno de los peores momentos de su vida.

“Él iba y me hablaba, me compraba comida, me decía negra para aquí, negra para allá, hasta que al final llegó al tema que le interesaba, hablarme de la prostitución porque enfrente había dos negocios: Pantera e Imperio”. Llevada por la ignorancia, la angustia y la falta de dinero, esta mujer aceptó vincularse a la actividad. “Me convenció porque me dijo que ahí me darían posada, dormida y que además él me iba a ayudar a conseguir a una persona que me cuidara los niños, solo el que vive una situación de estas sabe a qué me refiero. 

Ahora sé que él conseguía a mujeres para convertirlas en prostitutas”. Cuando ya estuvo envuelta en la red no tuvo manera de escaparse. “Yo era una joven de 20 años, ahora tengo 31 y veo las cosas de una manera diferente. Puedo decir de frente que fui prostituta durante los siete años que duré conviviendo con ese señor y que fue muy duro acceder a los deseos de tantos hombres, de tantos extraños”. 

Durante ese tiempo Jenny estuvo sometida. Nilson, cuenta, siempre ha tenido una forma particular de manipular a sus parejas, casi que trabajarlas psicológicamente. “Por un lado, él se ofrecía como el cuidador de los niños, el padre, el amo de casa, el niñero, pero, por el otro lado, era que el que contabilizaba, a la salida de las habitaciones, cuánto tiempo tenía que estar con cada cliente, como si yo fuera un animal”. Diez minutos y golpeaba a la puerta para decirle: “Hágale que ya llegó otro cliente. 

Él conseguía los marranos o, para que me entienda mejor, a los clientes”. Jenny cuenta que su captador se hacía pasar por su hermano, que incluso llevaba clientes a donde vivían y que mientras ella era obligada a atenderlos, él se llevaba a los niños para que la casa quedara sola. “Puedo decirle que ese tipo es un demente. Ninguna persona que quiera a su pareja permite que eso pase”. 

Todo lo que Jenny obtenía de su sometimiento era destinado a subsanar los gastos de la casa. “Yo pagaba arriendo, servicios, compraba la comida y les daba a los niños lo que necesitaban. Nilson lo único que hacía era contar el dinero que ganaba a costa de mi cuerpo”.

Otras veces, cuando no había tanto ‘trabajo’, ella tenía que levantarse a las 3 de mañana y pedir limosna bajo el sol o la lluvia en los semáforos hasta conseguir qué darles de comer y, en la noche, irse para los burdeles.

Jenny dice que además de ayudar a desenredar el caso quiere tener una nueva oportunidad con sus hijos. “No saber cómo están es duro. Los extraño, los quiero, no me importa si tengo que demostrar cómo estoy luchando para que mi vida cambie. Ahora vivo en el campo, en un ambiente que sería más sano para ellos”. Y en cuanto a la mamá de Sara Sofía, repite muchas veces lo mismo. “Carolina fue una víctima más de Nilson, como lo fui yo durante siete años de mi vida, fue explotada vilmente. Yo sé que después de esta revelación muchas más mujeres se van a atrever a denunciarlo”.