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El amor, la política y Colombia después del ataque a las Torres Gemelas

 



Los ataques de Al Qaeda a Estados Unidos en 2001 produjeron una cadena de eventos que cambiaron al mundo. Muchos capítulos de esta historia no se han terminado de leer y otros apenas comienzan a escribirse. La frase “te amo” no volvió a significar lo mismo para los estadounidenses de la generación del 11S ni para quienes afuera del país siguieron de cerca los ataques de aquel fatídico martes 11 de septiembre. 

Como explica Lisa Bonos, la escritora sobre citas y relaciones de The Washington Post, “fue una de las primeras veces que los estadounidenses obtuvieron una ventana tan visceral a las conversaciones íntimas de otras personas”. El “te amo”, como el de quienes estaban en los pisos altos de las Torres Gemelas o a bordo de los aviones que secuestraron los terroristas de Al Qaeda, fue la frase más usada para cerrar las llamadas telefónicas en aquella horrorosa jornada, pues la incertidumbre de no volver a ver a sus seres queridos invadió a los estadounidenses, incluso a gran parte del planeta. 

Escuchar los audios de las víctimas en las noticias transmitía la gravedad de la situación y, como dice Bonos, eso “dejó una marca”. Dos décadas después, simplemente no hay un área de la vida de los estadounidenses que no haya sido alterada por los ataques del 11 de septiembre de 2001. El amor, por ejemplo, es una de esas áreas. La moda, el deporte, la música, el periodismo son otras entre un listado extenso. La arquitectura, por ejemplo, se hizo más incluyente. 

La participación de la ciudadanía ahora importa en el diseño, contrario a lo que ocurría con proyectos como el de las Torres Gemelas donde la palabra de los neoyorquinos no se tuvo en cuenta. “Los proyectos pertenecen a los ciudadanos”, dijo recientemente Danil Libeskind, el arquitecto polaco-estadounidense encargado de la Torre de la Libertad, el edificio que ocupó el lugar de las torres en la Zona Cero. Pero, a pesar de que las implicaciones del 11 de septiembre de 2001 fueron tan amplias, tenemos un problema con los medios de comunicación: las mismas historias suelen tomarse el despliegue noticioso cuando se acerca la fecha del aniversario. 

No es que eso esté del todo mal. Se necesita recordar cómo ocurrió el evento que cambió al mundo, en especial cuando toda una generación que no vio los ataques en directo se hizo mayor de edad y se puede preguntar por qué todo funciona así. Esta semana lo experimentamos y quizás usted también lo ha visto. Se ha recordado, de manera insistente, cuáles fueron los cambios de seguridad en los aeropuertos y en los aviones. 

El problema con esto es que hay otras áreas importantes que se reconfiguraron tras los ataques y que han recibido un cubrimiento más moderado o que apenas están siendo exploradas. Y estas, por otro lado, presentan en ocasiones debates urgentes y grandes que son opacados por la repetición de las imágenes de aquel día y la reconstrucción de los hechos, cuya reproducción constante, dentro de otras cosas, les causa dolor a las familias de las víctimas. 

Ahí, por ejemplo, ya tenemos un primer gran debate sobre el ejercicio de los medios. Preguntarse hoy por cuál es el legado de los ataques del 11 de septiembre es un ejercicio agotador. No hay un único legado, pues hay muchas áreas por explorar. Este episodio de la historia humana sencillamente cambió el mundo por completo. Hay un antes y un después de las Torres Gemelas, y es imposible cerrar el libro todavía. Docenas de capítulos todavía se están escribiendo. Ahora Biden tiene la misión de reorganizar la burocracia que se generó hace 20 años y que no es buena para su país. Es tiempo de corregir los errores del pasado.