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"Ganaron mis demonios": notas de madre que asesinó a sus hijos y se quitó la vida

 


La salud mental es algo con lo que no se puede bromear ni tomar a la ligera”, fue el llamado de la joven de 25 años. 

Una historia para reflexionar sobre este tema. Oreanna Myers, de 25 años, fue noticia en Estados Unidos y el mundo por asesinar a sus tres hijos y dos hijastros, todos menores de edad. Tras el hecho, incendió la casa en la que vivía y se quitó la vida con un arma de fuego. 

Fácil sería tildarla de “loca” o “desalmada”. Sin embargo, se conocieron contenidos de unas cartas que dejó y que, sin justificar lo que hizo, revelan lo que le puede llegar a ocurrir a una persona con problemas mentales que no sean tratados. 

 
Oreanna no cometió tan espantoso crimen por capricho o como una salida cobarde, como algunos dirían, recalcan expertos. Ella era una madre de familia con problemas de depresión que no fue tratada de forma correcta .Previo a los trágicos acontecimientos, había dejado unas notas escritas a mano en el carro de su esposo. Eran cuatro y detallaban que estaba pasando por problemas fuertes. 

De la primera nota se destacan apartes como “mis demonios ganaron sobre mí y no hay vuelta atrás. Lo siento tanto, no fui lo suficientemente fuerte". En la segunda carta explicó cómo les había quitado la vida a sus hijos e hizo un impactante llamado ante estas problemáticas: "La salud mental es algo con lo que no se puede bromear ni tomar a la ligera. Cuando alguien suplique y pide a ayuda a gritos, por favor ayuden a esa persona". 

Las autoridades no revelaron qué decía la tercera nota, pero la cuarta traía más líneas pidiendo perdón por no ser “suficientemente fuerte”. "Lo siento, te he fallado. Lo siento, le fallé a nuestros hermosos niños”, escribió dirigiéndose a su esposo, quien para el momento de lo ocurrido se encontraba de viaje por trabajo, consignó The Sun . 

Oreana era madre de tres niños y madrastra de los otros dos. 

La más pequeña tenía un año y el mayor tenía siete. Toda una tragedia. La situación ocurrió en Estados Unidos, pero los problemas mentales no son exclusivos de países desarrollados o del tercer mundo. Tampoco distingue raza, sexo, color, posición económica y puede golpear a la puerta de su casa.