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Con tutela una mujer pide silenciar campana de iglesia, porque le causa migraña

 


Toda una polémica se ha desatado en el municipio de Pensilvania, Caldas, por cuenta de una tutela con la que el accionante pide que se silencien el campanario y el reloj de la parroquia Nuestra Señora de Los Dolores, pues indica que no puede dormir y el sonido le causa estrés. 

La tutela fue interpuesta por una mujer que, dicen los habitantes del pueblo, llegó hace unos dos meses al municipio y alquiló una casa vecina al templo católico, que se ubica en la plaza principal. Según lo argumentado en el documento que se presentó ante el Juzgado Promiscuo Municipal de Pensilvania, “el ruido de las campanas le produce dolor de cabeza, migraña y estrés”. Y agrega que “el reloj de la torre al anunciar las horas no le permite conciliar un sueño”. 

 
Por este motivo, la mujer pide a un juez “silenciar el campanario y el reloj que suena cada media hora, es decir, 100 veces al día”, indica la tutela. Ante la situación, que los habitantes califican como una ofensa a sus arraigadas tradiciones católicas y su patrimonio, se han promovido plantones y recolecciones de firmas para que sean usadas por la defensa en el caso. 

Fueron en total 3.632 firmas que se recolectaron en dos días, acto que no fue impulsado por nosotros, sino que fue voluntad de los ciudadanos que decidieron de esta manera reprochar esta tutela Carmenza Holguín, la abogada apoderada de la Parroquia para este caso, indicó que además de los argumentos legales y administrativos que otorga el Concordato entre la Santa Sede y el Estado colombiano, anexaron a la juez las firmas que recogieron voluntariamente los pobladores. 

Además de esto, argumenta la apoderada, su acción al respecto se basará en el valor cultural que tienen ambos elementos en este municipio. 

Las campanas fueron traídas por los mismos colonizadores y el reloj fue donado en la misma época El párroco, José Libardo Flórez Cuartas, llamó a la calma a los feligreses. 

Manifestó que le parece improcedente esta acción. “No podemos quedar sometidos a la dictadura de una minoría; porque entonces dónde queda el sentir de la inmensa mayoría de pensilvanenses que incluso se sintieron felices cuando las campanas volvieron a sonar después de estar cinco meses mudas por culpa de la pandemia. Para silenciar las campanas y el reloj, primero nos tienen que vencer en juicio”, precisó.

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