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Venezolano rescató a bebé tras chocarse avión



El Martes 13 de Octubre Gabriel Manzano un joven Venezolano se enfrentó a una traumática escena, que marcó su vida. 

Desde el predio en el que trabaja hace dos años vio cómo una aeronave perdía vuelo y, según dijo en Noticias Caracol, llegó a pensar que se trataba de un paseo. 

“Yo venía de la puerta hacia la casa, vi cuando la avioneta venía bajando, bajito. Le dije a mi esposa: 'están paseando'. Cuando ella volteó a verla, me dijo: 'qué chévere'. Ahí, la aeronave chocó con los árboles”, describió.

De inmediato, cuenta Gabriel, él salió corriendo para tratar de socorrer a los ocupantes. “Cuando llego allá, los veo a todos muertos y el niño estaba llorando, el niño estaba afuera de la avioneta”, recordó. 

No había gente, cuando llegué empezó a venir una moto, se paró a ver, me decía que no cogiera al bebé, que lo dejara ahí que me iba a meter en un problema, que me iban a demandar, que me retirara que eso iba a estallar”, agregó Gabriel. Pero él no lo hizo. 

 

Por el contrario, se acercó al niño, lo revisó y trató de hablarle a la madre, pero ella no reaccionaba. “Lo revisé... el niño tenía unas heridas en la cabeza, superficiales, no eran profundas. En las costillas, por el lado izquierdo, estaba golpeado, moreteado, todo revolcado, lleno de pasto. Como que fue que lo lanzaron. A lo mejor, cuando iban cayendo, lanzaron el bebé”, aseguró. 

“Él quedó al ladito, como si lo hubiera puesto ahí, nunca estuvo cerca”, agregó. 

La reacción de Gabriel, dice, fue hablarle a la mamá y mostrarle al niño. “Se lo ponía a la mamá, le hablaba, se lo mostraba a la mamá, le decía que aguantara, que el bebé estaba bien”, recordó. Él fue la primera persona en llegar a la escena. 

Con ayuda de un vecino, de nombre Alonso, este héroe anónimo trasladó al niño a un centro asistencial.  

¿Pero qué salvó al pequeño? Él no duda en afirmarlo. “Tuvo que ser un miagro, Dios metió sus manos por ese niño. ¿En el estado que estaban todos, a como quedó el niño? ¡Eso fue un milagro!”, exclamó.

 Gabriel vive hace cuatro años en Colombia y hace dos trabaja en Ubaté, esa tierra sabanera que le ha dado una bebé de cuatro meses, la misma en la que piensa cuando habla de la tragedia de la que salvó un angelito. “A mí se me partió el alma, recordé a mi hija. El mundo da muchas vueltas, y si yo llego a tener un accidente, que le tiendan las manos a mi hija”, pidió.

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